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Marco global frente al cambio climático

El cambio climático es uno de los retos más importantes a que se enfrentan los países en el Siglo XXI. Avanzar en los niveles de bienestar y desarrollo humano y mantener la estabilidad y el crecimiento económico en un clima cambiante, supone un enorme reto social y tecnológico.

Tras un largo proceso de negociación, la respuesta internacional ante el reto del cambio climático se ha materializado en dos instrumentos jurídicos, la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, adoptada en 1992 y que entró en vigor en 1994, y el Protocolo de Kioto, que desarrolla y dota de contenido concreto las prescripciones genéricas de la Convención, y que entró en vigor el 16 de febrero de 2005, y cuyo período de cumplimiento es 2008-2012.

Cactus con cuervos

FOTO: A. de Sostoa, X. Ferrer / CENEAM-MAGRAMA

El artículo 2 de la Convención Marco sobre Cambio Climático establece que el objetivo último de la misma es "lograr la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático. Ese nivel debería lograrse en un plazo suficiente para permitir que los ecosistemas se adapten naturalmente al cambio climático, asegurar que la producción de alimentos no se vea amenazada y permitir que el desarrollo económico prosiga de manera sostenible". La Convención, pues, no especifica cuáles deberían ser esos niveles de concentración, ni en qué plazo de tiempo deben alcanzarse. Por el contrario, el Protocolo de Kioto, adoptado en 1997 durante la tercera sesión de la Conferencia de las Partes (COP), es el instrumento legal que establece, por primera vez, un compromiso específico de limitación de emisiones netas de gases de efecto invernadero para los principales países desarrollados y con economías en transición.

Río

FOTO: A. de Sostoa, X. Ferrer / CENEAM-MAGRAMA

Si bien el esfuerzo internacional se centró inicialmente en la adopción de compromisos para la reducción de emisiones (principalmente a través del Protocolo de Kioto), hoy es compartido que ambos aspectos, mitigación y adaptación, son absolutamente necesarios y complementarios para afrontar el problema y están estrechamente conectados, ya que el grado de cambio proyectado en las distintas variables climáticas (al que hay que adaptarse) está en función de los niveles de concentración de GEI que se alcancen en la atmósfera, niveles que a su vez están determinados por las políticas que inciden en las emisiones, las políticas de mitigación. Como resultado de esto, el Plan de Acción de Bali adoptado en diciembre de 2007, puso en pie de igualdad ambas prioridades junto con la financiación y la tecnología, y marcó el inicio de la negociación del futuro régimen climático post-2012. En este sentido, cabe destacar tanto los avances alcanzados en la Cumbre de Cancún (diciembre de 2010), como los de la cumbre de Durban (diciembre de 2012), donde se desarrollaron muchos de los elementos ya iniciados en el Plan de Acción de Bali creando así una base sobre la que seguir construyendo el futuro régimen climático internacional.

En este sentido, cabe destacar los avances alcanzados en la Cumbre de Cancún (diciembre de 2010) y en Durban (diciembre 2011) donde se desarrollan muchos de los elementos ya iniciados en el Plan de Acción de Bali creando así una base sobre la que seguir construyendo el futuro régimen climático internacional.

La RIOCC está plenamente integrada en el marco internacional de respuesta frente al cambio climático:

  • Entre sus objetivos figura el propiciar la implementación efectiva de las decisiones de la CMNUCC, en particular aquellas sobre adaptación y mitigación
  • Está reconocida como Organización colaboradora del Programa de Trabajo de Nairobi sobre los efectos, la vulnerabilidad y la adaptación al cambio climático.