Iberoamérica constituye un ámbito geográfico de gran diversidad ambiental, social y económica, por lo que los efectos del cambio climático se manifiestan de forma desigual entre territorios, ecosistemas y sectores productivos.
Según evidencia el Sexto Informe de Evaluación (6AR) del IPCC, América Central y del Sur presentan una elevada exposición y vulnerabilidad frente a los riesgos climáticos, una situación que puede verse agravada por factores como la desigualdad, la pobreza, el crecimiento demográfico y la alta densidad de población, el cambio en el uso del suelo, en particular la deforestación con la consiguiente pérdida de biodiversidad, y la alta dependencia de las economías nacionales y locales por los recursos naturales para la producción de productos básicos.
Riesgos, impactos y vulnerabilidad en los países de Latinoamérica
Los principales riesgos del cambio climático identificados para América Latina están asociados a la inseguridad alimentaria por el aumento de sequias, la inseguridad hídrica debido a la reducción de glaciares y alteraciones en el régimen de precipitaciones, riesgo de aumento de epidemias, en particular de enfermedades transmitidas por vectores, alteraciones en sistemas socio ecológicos debido al aumento del nivel del mar y la erosión costera, y riesgo para las personas y las infraestructuras debido a inundaciones, deslizamientos de tierra y mayor frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos y climáticos extremos. En cuanto a impactos proyectados afectarán a los ecosistemas, los recursos hídricos, la agricultura, la seguridad alimentaria y la salud humana, alterando los medios de vida de numerosas comunidades, en particular pequeños agricultores y pueblos indígenas de montaña.
Las proyecciones climáticas indican que estos impactos continuarán intensificándose a lo largo del siglo XXI. Se prevé una mayor presión sobre los recursos hídricos, un aumento de los riesgos asociados a sequías, inundaciones y otros fenómenos extremos, así como impactos crecientes sobre la producción de alimentos, la salud y los ecosistemas. Las comunidades más vulnerables, entre las que se encuentran los pequeños productores agrícolas, las poblaciones rurales y los pueblos indígenas, afrontan riesgos especialmente significativos debido a su estrecha dependencia de los recursos naturales.
La interacción entre el cambio climático y otras presiones ambientales puede además acelerar procesos de degradación ecológica y aumentar la vulnerabilidad de ecosistemas clave para la biodiversidad y la regulación del clima. Del mismo modo, el calentamiento de los océanos y el aumento del nivel del mar continuarán afectando a los ecosistemas marinos y costeros y a los servicios que estos proporcionan.
Riesgos, impactos y vulnerabilidad en la Península Ibérica
En la Península Ibérica se identifican varios riesgos climáticos que requieren una acción prioritaria y urgente, entre los que destacan el incremento del estrés térmico sobre la población, los impactos sobre los ecosistemas marinos y costeros, la reducción de la productividad agrícola y el aumento de los riesgos asociados a inundaciones fluviales y pluviales. En conjunto, las proyecciones climáticas apuntan a una intensificación de los efectos adversos del cambio climático en la región, con implicaciones significativas para la disponibilidad de recursos hídricos, la salud pública, la seguridad alimentaria, la conservación de los ecosistemas y el desarrollo económico.